Cuando la inmensidad te pone en tu lugar

Visitar el Lago Argentino y llegar al Glaciar Perito Moreno fue una de esas experiencias que te descolocan, que te obligan a dejar de pensar en ti mismo como el centro del universo. Frente a ese coloso de hielo, me sentí pequeño… muy pequeño.

No es solo su belleza lo que impacta, sino su escala, su poder, su misterio. Es ahí cuando entendés —sin que nadie te lo diga— que todo es relativo. Que existen cosas que simplemente no pueden medirse ni entenderse desde la lógica cotidiana.

Frente a esa pared de hielo de más de 35 metros que emerge desde el agua, cuesta creer que aún haya otros 70 ocultos bajo la superficie. La vista no alcanza, y la mente tampoco. Uno quisiera adentrarse, tocar, explorar... pero también entiende que hay lugares, experiencias, sueños, que no están hechos para alcanzarse. Y está bien. Aprender a aceptar que no todo se puede lograr también es una forma de crecer.

La inmensidad te ubica. Te recuerda que estás de paso, y que justamente por eso, lo más valioso es estar presente. Estar ahí. Respirar hondo. Capturar con los sentidos ese instante irrepetible.

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Fotografiar colibríes: precisión, paciencia y algo de suerte.